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Esa mujer: los 100 de Evita

Eva María Ibarguren Duarte nació el 7 de mayo de 1919.  Distintos historiadores establecen dos posibles lugares de nacimiento: la estancia La Unión, ubicada 20 km al oeste de la localidad de Los Toldos en el partido de General Viamonte, o la ciudad de Junín.

Su familia vivió en el campo hasta el fallecimiento del padre – que era un político conservador-  en 1926, cuando Eva tenía apenas seis años. Entonces su madre se trasladó con sus hijos a Los Toldos, para trabajar como costurera.

Mientras estudiaba en la escuela primaria, la pequeña Eva mostraba tendencia a la expresión teatral y musical.

En 1935, con 15 años,  Eva migró a Buenos Aires, persiguiendo el sueño de convertirse en artista.

Un año después consiguió un contrato en la Compañía Argentina de Comedias Cómicas. En 1938 ingresó a la Compañía de Teatro del Aire y en 1942 fue contratada por la Compañía Candilejas. Será en 1943 cuando Eva inicie un vínculo con los movimientos sindicales, colaborando en la formación de la  Asociación Radial Argentina, el primer gremio de los trabajadores del sector radiofónico.

En 1944, en el marco de una colecta solidaria en favor de las víctimas de un terremoto ocurrido en la provincia de San Juan, conoce a Juan Domingo Perón, a quien elegiría como compañero de vida.

El  8 de octubre de 1945, un golpe de estado dirigido por el general Ávalos, derivó en la detención de Perón. La reclusión de Perón duró poco gracias a la acción masiva y movilizada  de los sindicatos. Días después de su liberación, el 22 de octubre, Juan y Eva contrajeron matrimonio.

El 24 de febrero de 1946 Juan Domingo Perón ganó las elecciones y se convirtió en presidente de Argentina. Eva Perón, como primera dama, puso en marcha una amplia labor en pos de  mejorar la situación social de los más desfavorecidos y luchar en favor de los derechos de las mujeres.

Tras la victoria electoral de su marido, Evita dio un primer discurso político, en el que defendió abiertamente el sufragio femenino. Este derecho de las mujeres,  del cual Eva Duarte de Perón fue una artífice fundamental, en Argentina se alcanzó en 1947.

“Hemos llegado al objetivo que nos habíamos trazado, después de una lucha ardorosa. Debimos afrontar la calumnia, la injuria, la infamia. Nuestros eternos enemigos, los enemigos del pueblo y sus reivindicaciones, pusieron en juego todos los resortes de la oligarquía para impedir el triunfo” manifestó Evita en un discurso pronunciado el 23 de septiembre de 1947 en Plaza de Mayo, en alusión a esa conquista histórica.

También memorable, resultó el discurso que dio el 17 de octubre de 1946, dirigido a “los descamisados”, como solía referirse para con las masas obreras que apoyaban al movimiento peronista. “Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria. Yo sé que Dios está con nosotros, porque está con los humildes y desprecia la soberbia de la oligarquía. Por eso, la victoria será nuestra. Tendremos que alcanzarla tarde o temprano, cueste lo que cueste y caiga quien caiga” arengó en aquella oportunidad.

Dos años después, Eva fundó el Partido Peronista Femenino, cuya finalidad era que las mujeres tuvieran un papel más activo en la vida social y política del país.

El  19 de junio de 1948, a través del Decreto N°20.564, nació la Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón, luego denominada Fundación Eva Perón. Dependiente del Ministerio de Trabajo y Previsión, el organismo se encargó de distribuir libros, alimentos, ropa, máquinas de coser y juguetes a familias pertenecientes a los sectores de mayor vulnerabilidad social. La Fundación duró hasta el golpe de Estado de 1955.

En el Día del Trabajador el 1 de mayo de 1952, durante el tradicional acto organizado por el gobierno peronista,  la “abanderada de los humildes” emitió su último discurso, ante una multitud conmovida por su aparición. “Aquí estamos los hombres y las mujeres del pueblo, mi general, para custodiar vuestros sueños y para vigilar vuestra vida, porque es la vida de la patria, porque es la vida de las futuras generaciones, que no nos perdonarían jamás que no hubiéramos cuidado a un hombre de los quilates del general Perón, que acunó los sueños de todos los argentinos, en especial del pueblo trabajador” clamó Evita entonces.

Un cáncer de útero terminó con la vida de Eva Perón el 26 de julio de 1952, cuando tenía solamente treinta y tres años de edad.

Evita fue despedida con un sentido y multitudinario funeral, ya que a pesar de no ejercer oficialmente ningún cargo político, se había convertido en una de las figuras principales y más carismáticas de la política argentina. Tras la caída del peronismo, su cuerpo fue secuestrado, profanado y trasladado a destinos inciertos, hasta que en 1976, fue finalmente entregado a sus familiares, quienes lo enterraron en el Cementerio de la Recoleta de Buenos Aires.

Su legado se refleja en una inmensa cantidad de expresiones políticas contemporáneas. Libros, películas, monumentos, espectáculos teatrales y un sinfín de manifestaciones plasmaron además retratos de la mística de su figura.

Eva Perón supo interpretar las necesidades urgentes de las familias más humildes de la Argentina,  para transformar la beneficencia y la caridad en derechos adquiridos.

En la Argentina, en coincidencia con la efeméride, tendrán lugar varios eventos y actos conmemorativos.

“Eva es, sin duda, la mujer argentina más destacada, más amada y más discutida del siglo XX. Y una de las más en la historia, junto a Macacha Güemes, Encarnación Ezcurra y Juana Azurduy, todas con perfiles vinculados a momentos esenciales en la construcción colectiva de la sociedad” manifiesta la periodista y escritora María Seoane, quien junto a Víctor Santa María acaba de presentar el libro “Eva Perón. Esa mujer” en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, escribió un texto alusivo al centenario del nacimiento de Evita, en el que la define como “esa mujer que se volcó hacia los más necesitados, que se brindó por completo a su pueblo y que cien años después sigue aquí, igual de viva, igual de vigente. Su legado está omnipresente y se percibe ahí, se siente, sobre todo en las clases populares, en sus villas, en los barrios más humildes del país que la llevan como bandera porque era ella quien los escuchaba, quien les otorgaba apoyo, quien les daba cariño”.

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